por Peter Singer
Peter Singer: Hola oscuridad, mi vieja amiga. He venido a hablar contigo otra vez… Hola, soy Peter Singer y este es nuestro podcast Lives Well Lived.
Y sí, Paul Simon, quien escribió The Sound of Silence, ha venido hoy a hablar con nosotros. Esperaba esta entrevista con enorme emoción. He sido admirador de Paul Simon desde que era niño. Recuerdo perfectamente cuando The Sound of Silence se convirtió en el gran éxito que lanzó definitivamente a Simon & Garfunkel, eso fue en 1965.
Pero además de admirar su música, he tenido la suerte de conocer personalmente a Paul. Nos conocimos hace unos veinte años en una cena en Nueva York, y desde entonces he apreciado muchísimo su amistad y también el trabajo filantrópico que ha realizado para The Life You Can Save, la organización que fundé para ayudar a las personas a encontrar las ONG más eficaces.
Nuestra productora, Rachel Barrett, también es una gran admiradora de Paul Simon, y tenía una pregunta especial para comenzar.
Rachel Barrett: Paul, escribiste The Sound of Silence, el gran éxito de Simon & Garfunkel, cuando tenías apenas veintiún años. La canción empieza diciendo: “Hello darkness, my old friend…” Mi pregunta es: ¿La oscuridad sigue siendo tu amiga?
Paul Simon: Oh… esa es una buena pregunta. Bueno, no en un sentido metafórico. ¿Me gusta la oscuridad? Sí. Pero no es que busque la oscuridad por encima de la luz ni nada parecido.
Lo que sí siento sobre The Sound of Silence es algo extraño. Tenía veintiún o veintidós años cuando la escribí y, sinceramente, todavía hoy no entiendo cómo fui capaz de escribir aquella canción en ese momento de mi vida. Ni la letra, ni la melodía. De todas las canciones que he escrito, creo que si alguna sobrevive dentro de cien años, probablemente será esa.
Y lo pienso porque siguen ocurriendo cosas muy sorprendentes alrededor de ella. Hace poco alguien me envió un vídeo de YouTube donde un rabino cantaba The Sound of Silence en hebreo. Y unas semanas después vi otro vídeo: un indígena americano sentado en algún lugar del oeste, vestido con ropa tradicional, tocando una flauta de madera… y estaba interpretando The Sound of Silence. Y pensé: “Esa melodía ha llegado hasta este hombre.” Hay algo poderoso ahí.
También me ocurrió algo increíble en el Amazonas. Estaba viajando por allí y paramos en una pequeña aldea. Muy pequeña. Quizá quince construcciones y ninguna carretera. Una chica estaba sentada dentro de una choza tocando la guitarra. Entonces dijo: “Conozco una canción americana.” y empezó a tocar The Sound of Silence. Yo estaba en mitad del Amazonas pensando: “¿Cómo demonios llegó esta canción hasta aquí?” Así que hay algo en ella que está más allá de cualquier explicación racional que yo pueda dar.
Incluso ahora siento que no entiendo del todo lo que escribí. Y además es la canción con la que siempre cierro mis conciertos: solo yo y una guitarra. La canción ha cambiado de significado con el tiempo, la versión de Simon & Garfunkel era una cosa. Luego fue la canción que elegí cantar en el aniversario del 11 de septiembre, cerca de donde estaban las Torres Gemelas. Parece adquirir significados distintos en diferentes momentos. Y hay algo misterioso en eso.
Rachel Barrett: Quería compartir contigo un recuerdo personal. Imagínate finales de los años setenta en la Polonia comunista. Yo tenía cinco años y viajaba con mi familia en un coche diminuto durante las vacaciones. Escuchábamos tus canciones en cassette durante siete u ocho horas seguidas. Y quería decirte que tu música forma parte de algunos de los recuerdos más felices de mi infancia.
Paul Simon: Es precioso escuchar algo así. La gente me dice cosas parecidas bastante a menudo. Normalmente hablan de viajes familiares donde escuchaban Graceland continuamente.
Y algunas canciones tienen la capacidad de encantar incluso a un niño de cinco años, lo cual es sorprendente. Es muy temprano para que eso ocurra. Normalmente las canciones que nos marcan para toda la vida son las que escuchamos cuando tenemos doce, trece, catorce o quince años. Esas son las canciones que permanecen contigo para siempre.
Rachel Barrett: Yo ni siquiera entendía inglés. Pero recuerdo intentar cantar reproduciendo simplemente los sonidos. Entonces quería preguntarte: De entre todas las canciones que has escrito, ¿cuáles consideras tus favoritas?
Paul Simon: Es difícil elegir. Pero de la época de Simon & Garfunkel diría: The Sound of Silence, Bridge Over Troubled Water, The Boxer y America.
Después de Simon & Garfunkel:: Me and Julio Down by the Schoolyard, Mother and Child Reunion, American Tune, Still Crazy After All These Years... También me gusta mucho 50 Ways to Leave Your Lover. Pero también hay otras canciones muy bien escritas que nunca fueron grandes éxitos porque jamás se publicaron como singles.
Pero por ejemplo, Kodachrome fue un gran éxito. Tenía una primera línea muy memorable: “When I think back on all the crap I learned in high school, it's a wonder I can think at all.” (Cuando pienso en toda la basura que aprendí en el instituto, me sorprende todavía ser capaz de pensar). Eso hizo que mucha gente conectara inmediatamente con la canción. Pero no la consideraría una de mis mejores composiciones.
Luego llegas a Graceland, y ahí hay muchas: Graceland, Diamonds on the Soles of Her Shoes, You Can Call Me Al, The Boy in the Bubble.
Y en The Rhythm of the Saints, el álbum que hice en Brasil, hay una canción llamada Spirit Voices que todavía canto y que me gusta muchísimo.
Después de eso escribí un musical junto al poeta Derek Walcott. Se llamaba The Capeman y llegó a Broadway, Fue un fracaso enorme. Probablemente recibí más críticas por aquello que por cualquier otra cosa en toda mi carrera. Y, sinceramente, fue un fracaso muy interesante. No creo estar siendo parcial cuando digo que tenía defectos, porque los tenía, sin duda. Pero también era algo muy interesante en lo que intentaba conseguir.
La historia transcurría en el Nueva York de los años cincuenta. Era una historia sobre un crimen, un asesinato cometido por adolescentes. Eso me dio la oportunidad de escribir canciones dentro del estilo musical de los años cincuenta, especialmente música urbana de esa época. Y además, como el protagonista era puertorriqueño, pude trabajar con músicos latinos y escribir canciones con ritmos y géneros latinos muy diferentes. Pensé: “Esta combinación de sonidos es realmente interesante.” El doo-wop y el rhythm & blues de mi infancia mezclados con música latina, me parecía una mezcla fascinante.
Y pensé lo mismo que había pensado cuando trabajé con músicos sudafricanos en Graceland: “No sé si a la gente le gustará esto, pero me parece un sonido interesante.” Así que seguí adelante. Pero, por razones que ahora entiendo mejor, las críticas fueron terribles desde el principio, así que el musical estaba condenado. Aunque también fue interesante por otra razón: incluí a figuras culturales muy importantes de la música latina. Estaban: Marc Anthony, Rubén Blades, Ednita Nazario…Todos eran enormes estrellas dentro del mundo de la música latina. Y aquello era algo nuevo para Broadway: llevar artistas de otra cultura a contar esta historia.
Pero creo que muchos críticos no comprendieron lo importantes que eran culturalmente. Y además tampoco les gustaba el doo-wop, la música que a mí me apasionaba. Todo esto es una manera muy larga de decir que una de las canciones de ese musical, Adios Hermanos, me parece una de las mejores canciones que he escrito jamás. Estoy muy orgulloso de ella.
Peter Singer: Déjame preguntarte algo. ¿Cómo se sobrelleva una crítica y un fracaso de ese tamaño?¿Cómo lidia con eso un músico como tú?
Paul Simon: Bueno… realmente no tienes demasiadas opciones. Te retiras, lames tus heridas y esperas para ver qué hacer después.
Peter Singer: ¿Las heridas fueron profundas?
Paul Simon: Sí. Porque las críticas se volvieron bastante personales, en aquella época Broadway no recibía bien a la gente que venía del rock and roll. Pero pocos años después Lin-Manuel Miranda escribió In the Heights y luego Hamilton. Él utilizaba músicos latinos, ritmos urbanos, influencias similares. Y entonces la gente sí estaba preparada para escucharlo.
También empezaron a aceptar más elementos procedentes del rock dentro de los musicales de Broadway. Así que, en cierto modo, nosotros nos adelantamos a nuestro tiempo. Y sigo pensando lo mismo que pensaba entonces: The Capeman era una obra muy imperfecta, sí, pero tremendamente interesante en lo que intentaba hacer.
Stephen Sondheim, que era amigo mío, me dijo algo muy importante mientras hablábamos de todo esto. Me dijo: “Lo más importante en un musical de Broadway es el libreto. No la música.” Puedes escribir música extraordinaria, pero si la historia no funciona, el musical tampoco funcionará. Y eso era exactamente lo que nos ocurría. Teníamos media historia. Había un problema en el relato, un fallo en el libreto. Y eso lo comprendí después.
Mucha gente me dijo: “Deberías escribir otro musical.” Sentían incluso cierta culpa por la forma tan dura en que Broadway me trató. Pero yo ya no tenía interés, seguí adelante escribiendo canciones.
Después escribí quizá cincuenta canciones para distintos discos. Y entre todas ellas, hay algunas que considero realmente especiales. Una se llama Darling Lorraine. La mayoría de la gente nunca la ha escuchado, pero creo sinceramente que es una de las mejores canciones que he escrito. Otra se llama Rewrite. Esa es un poco más conocida, aunque tampoco demasiado, y también me parece una de mis mejores composiciones.
Después de eso empecé a grabar una serie de discos alrededor del año 2000. Hice cinco álbumes. Y luego, hacia 2021 o 2022, justo cuando llegó la pandemia, empecé a escribir una obra llamada Seven Psalms. Es una pieza continua de treinta y tres minutos, sin interrupciones. Y algunas de las canciones de Seven Psalms son tan buenas como cualquier cosa que haya escrito en mi vida. Una de ellas se llama The Sacred Harp. Y toda la obra en conjunto es algo de lo que me siento muy orgulloso.
Las canciones que considero mis mejores canciones… no siempre fueron éxitos. En algún momento dejé de escribir éxitos, no fue intencionado. Claro que quería seguir teniendo éxitos, pero llega un momento en que, si tienes ese don o esa suerte, escribes canciones exitosas durante un tiempo… y luego eso desaparece. Le toca a otra generación. Y la nueva generación escribe canciones que hablan de ellos y para ellos, es el proceso natural.
Peter Singer: Pero tú lograste atravesar varias generaciones escribiendo éxitos.
Paul Simon: Sí, eso fue bastante inusual. Estuve escribiendo éxitos desde los años sesenta hasta mediados de los ochenta, fue Graceland lo que prolongó todo aquello. Ese álbum me abrió una forma completamente nueva de pensar sobre la música, las culturas y cómo interactúan entre sí. Trabajar con músicos increíbles…Colaborar con artistas de otras culturas…Fue un período de enorme aprendizaje para mí. Aprendí muchísimo.
Peter Singer: Creo que Graceland es un álbum fantástico. Pero sé que algunas personas te acusaron de apropiación cultural. ¿Qué opinas de esa crítica?
Paul Simon: Sinceramente, me parece absurda. No creo que sea posible “apropiarse” de la cultura de alguien. ¿Cómo funcionaría eso exactamente? Si escribo una canción inspirada en el township jive de Soweto…¿desaparece entonces esa música para el resto del mundo? ¿Ya nadie más puede usarla? Claro que no. Si utilizo elementos de otra cultura, esos elementos no abandonan esa cultura para convertirse exclusivamente en míos.
Y lo mismo ocurre al revés. Si una banda de Polonia escucha a los Beatles, a Led Zeppelin o a Pink Floyd e intenta tocar rock…no le están quitando nada a la cultura estadounidense. Por eso no considero válida esa crítica.
Peter Singer: ¿Cómo funciona el proceso de escribir canciones? ¿Ha cambiado con los años?
Paul Simon: Sí, cambia muchísimo. La trayectoria típica de un artista empieza con una explosión de inspiración. Cuando eres joven tienes muchas ideas, muchas emociones, muchas cosas que decir, todo sale de golpe. Después empiezas a ordenar ese material, a refinarlo y a escribir canciones más complejas. Con el tiempo, el oficio empieza a tener más peso que la inspiración pura. Te vuelves mejor editando, detectas rápidamente cuándo algo no funciona. Pero esa inspiración ardiente y emocional de la juventud aparece con menos frecuencia. No porque las emociones desaparezcan, sino porque ya no arden de la misma manera.
Un artista joven no suele escribir con nostalgia, pero un artista mayor sí. Porque ya ha vivido suficiente dolor y suficientes recuerdos como para reflexionar sobre ellos. Así que sí: el proceso cambia muchísimo.
Creo que parte de la razón por la que mis primeras canciones fueron éxitos es que eran más simples. En cierto sentido eran más puras, aunque no me gusta mucho esa palabra. Pero había algo muy directo en ellas. En cambio, las canciones que más valoro de mis últimos años son mucho más complejas y llenas de matices. No sé siquiera si otra persona podría interpretarlas realmente, están construidas de una forma mucho más consciente.
Cuando era joven simplemente cogía la guitarra y empezaba a tocar, las canciones aparecían casi solas. No me detenía a pensar: “Esta línea no sirve.” Ahora soy mucho más consciente de cómo construyo una canción. Y además hoy en día las canciones complejas tienen menos espacio, ya casi no existe la radio tal y como era antes. Todo pasa por redes sociales y por captar atención inmediata, la gente ya no tiene paciencia para algo que requiere tiempo. Y eso ocurre en toda la cultura. Las capacidades de atención son cada vez más cortas, la gente busca un impacto rápido, un estímulo inmediato, y se vuelve adicta a eso.
Estoy leyendo a Chéjov ahora, y la literatura del siglo XIX tiene un ritmo muchísimo más pausado. Tienes que ralentizar tu lectura para captar realmente qué están haciendo esas frases. Están construidas para un lector tranquilo, sin prisas. Ya no leemos así. Pero la recompensa es fabulosa, y no creo que recibamos ya esa clase de recompensa. Quiero decir, todavía hay grandes escritores, por supuesto, pero no encuentras algo como lo que hacían Tolstói, Dostoievski, Chéjov o Turguénev. Simplemente… eso ya no ocurre.
Peter Singer: ¿Y qué le llevó precisamente a Chéjov y a esos novelistas rusos en este momento de su vida?
Paul Simon: Me regalaron un volumen de relatos de Chéjov hace uno o dos años por mi cumpleaños. Lo tenía por casa y hojeaba algunas páginas de vez en cuando, pero enseguida me distraían otras cosas. Pero hay un libro de George Saunders llamado Swimming in a Pond in the Rain, creo que ese es el título. Y él analiza algunos relatos de Chéjov desde la perspectiva de un escritor. Examina cómo todos los detalles contribuyen a lo que está ocurriendo en la historia y mantienen la tensión narrativa. Hay muchísimo oficio y muchísima conciencia artística ahí, y hoy en día no solemos encontrar eso porque, en general, la gente ya no tiene paciencia para prestar atención a los detalles y obtener placer de ellos.
Así que lo que ocurre es que los artistas dejan de trabajar tanto los detalles y hacen afirmaciones más directas, más impactantes. Es una generalización excesiva, pero creo que todos entendemos lo que quiero decir cuando hablo de que la capacidad de atención actual es diferente. Yo pienso mucho en la atención en relación con el trabajo artístico.
Peter Singer: Tiene razón respecto a eso. Pero quería preguntarle si se siente afortunado de haber alcanzado su cima en una época en la que existían la radio y los álbumes que la gente compraba, y no había streaming ni esa costumbre actual de ir pasando y haciendo clic constantemente.
Paul Simon: Sí, claro que sí. Si hubiera empezado en el mundo actual, no creo que hubiera tenido éxito. La música se convirtió mucho más en una cuestión de redes sociales y de captar atención. Ya no se trataba tanto de la musicalidad o de canciones que abordaran temas serios.
El periodo en el que tuve mis primeros éxitos con Art Garfunkel, entre 1965 y 1970, fue una época de creatividad extraordinaria en la música popular. The Beatles, Bob Dylan estaban en ese periodo, The Rolling Stones, Jimi Hendrix… Los discos que se hicieron en esos cinco años fueron una explosión extraordinaria de algo muy poderoso. Y eso no ocurre automáticamente. Siempre hay estrellas y siempre hay un número uno, pero algunas cosas perduran más porque son más verdaderas respecto al tiempo del que surgieron.
No sé… Supongo que si tuviera que explicar el fenómeno de popularidad de Taylor Swift me costaría hacerlo. Y gran parte tiene que ver con elementos que no son estrictamente musicales. Lo cual no significa que ella no tenga muchísimo talento musical, porque claramente lo tiene. Pero parece alguien que escribe principalmente sobre relaciones personales. En cambio, si piensas en el catálogo de Dylan y en los temas sobre los que escribía, o en lo que empezaron a hacer los Beatles después de Sgt. Pepper's Lonely Hearts Club Band, ya no estaban escribiendo para adolescentes o para niños. Escribían para gente de veinte o treinta años.
A diferencia de los años cincuenta, que fue la generación que influyó en todos nosotros, donde los primeros grandes éxitos realmente surgieron del sur de Estados Unidos, y era música negra influida por el góspel y el blues. Era todavía una cultura viva. La gente tocaba blues para entretener a otras personas. Hoy, si tocas blues, normalmente lo que has hecho es estudiar a los maestros y reproducir una imitación de aquello.
Así que el primer rock and roll fue básicamente la cultura negra empezando a penetrar en la radio blanca. Y eso no tardó mucho, quizá un año. La radio cambió de un tipo de música a otro. Pero entonces apareció la televisión con programas como American Bandstand y los shows de baile, y la música empezó a girar completamente en torno a la vida adolescente.
Y si tomas a alguien a quien yo adoraba, como millones y millones de personas, Elvis Presley… yo adoraba a Elvis. En cuanto deja su primer sello, Sun Records, y se marcha a RCA Records, la primera música que hace son versiones de artistas negros. Porque todavía no existía realmente un público adolescente, ya que los adolescentes no tenían dinero a mediados de los cincuenta.
Pero entonces los adolescentes empiezan a tener dinero, y son ellos quienes compran los discos. Y así tienes a Elvis Presley, que antes había cantado canciones como “Mystery Train”, “That’s All Right, Mama” o temas country como “Blue Moon of Kentucky”… y entonces pasa a cantar “Can’t I Be Your Teddy Bear?” o cosas así.
Peter Singer: Sí, o Kissing Cousins…
Paul Simon: Sí, sí. Toda esa música de la que tú ya no querías saber nada. Pero los artistas de los años sesenta escucharon los sonidos de aquella música y se enamoraron de ellos. Intentaron incorporar esos sonidos a su propia música, pero cambiaron los temas de los que hablaban y trataron de ser más serios en lo que abordaban.
Peter Singer: Entonces, ¿puedo preguntarle qué cree usted que es la música? ¿Para qué sirve? ¿Es para divertirse? ¿Para expresarse? ¿Para enviar un mensaje al mundo? ¿Para ser rebelde? ¿Qué es?
Paul Simon: Bueno, todas esas cosas son válidas. Pero yo diría que es para el placer. Es uno de los grandes placeres que tenemos y que, además, no produce residuos. La música no hace daño. El cerebro humano parece reaccionar ante ella de una forma muy especial. Es una idea única: que ciertos sonidos o combinaciones de sonidos puedan hacer llorar a la gente o llevarla a marchar hacia una batalla. Incluso podría decirse que probablemente fue la primera expresión artística: el canto. Quizá seguido por personas golpeando troncos huecos para crear ritmo. Es algo increíblemente poderoso.
Siempre me parece curioso que, cuando la política se convierte en la fuerza dominante, siempre utilizan música. En los mítines políticos usan música constantemente, pero nunca incluyen a los músicos en su manera de pensar o de gobernar. No valoran realmente eso. Solo valoran el efecto que la música puede tener en un contexto político.
Y lo mismo podría decirse de la publicidad y cosas similares, donde el propósito de la música es otro distinto al simple placer. Pero las personas que crean música que realmente proporciona placer son gente excepcional, y casi nunca forman parte del proceso de decisión o de gobierno. Aunque podríamos hacer una excepción con… bueno, con lo que ocurrió en Checoslovaquia cuando todavía era Checoslovaquia.
Pero la música forma parte de la vida de todo el mundo. Es omnipresente. Caminas por la calle y todo el mundo lleva auriculares. Están escuchando la banda sonora de su propia vida.
Peter Singer: Aunque, hablando de política, ¿no acaba de elegir Nueva York a un alcalde que en algún momento fue rapero, alguien relacionado con la música? Creo haber leído que fue rapero.
Paul Simon: ¿Un rapero? Sí… bueno, si consideras eso ser músico. No sé mucho sobre él, pero por lo poco que sé, no me da precisamente la impresión de alguien que fuera rapero. Aunque quizá lo fue. Viene de una familia acomodada, una familia educada. Su padre es director o productor de cine. Su madre también es escritora o académica, no estoy seguro. Creció en un entorno privilegiado, así que si escuchó rap y quiso hacerlo, supongo que lo haría. Pero probablemente no querría que lo escucháramos ahora.
Peter Singer: Ha mencionado Seven Psalms, su álbum más reciente, y es muy diferente a otras cosas que ha hecho. Parece tener un componente más espiritual. Hay una canción, “The Lord”, que sugiere que el Señor es la tierra, el Señor es un bosque virgen, el Señor es una comida ofrecida a un extraño. Suena casi a una especie de panteísmo. Y sé que usted suele resistirse a explicar exactamente qué significan sus canciones, pero me pregunto si siente que esta es una dirección más espiritual, y si en los últimos años se ha interesado más por cuestiones espirituales y por pensar en la mortalidad, por ejemplo. ¿Era eso algo que quería plasmar en una canción?
Paul Simon: Sí, creo que es una obra más espiritual. Pero también llegó a mí de una manera diferente. Me venía en sueños. Me despertaba a las dos, a las tres o a las cinco de la mañana, tres o cuatro veces por semana, y las palabras simplemente aparecían. Yo las escribía. Pensaba: “Todo esto podría servir para un verso”. Pero no podía añadir ni una palabra más. En cuanto intentaba intervenir conscientemente, en cuanto introducía mi proceso de edición, todo se detenía.
Así que pensé: “De acuerdo, sea lo que sea esto, está ocurriendo sin que yo tenga que esforzarme”. Y lo mismo sucedía con las piezas de guitarra. Había algo distinto en todo ello.
Y como las letras venían de mi subconsciente o de dondequiera que vinieran, parecían tener ese elemento espiritual. Cuando entras en ese tipo de reflexiones, es muy difícil salir de ellas porque empiezas a pensar profundamente en todo eso. Pero recuerdo que lo primero que hice al escribir lo que me decía el sueño fue pensar: “Estás escribiendo una obra llamada Seven Psalms”, o “debes escribir una obra llamada Seven Psalms”. El mensaje era tan fuerte que anoté en un papel la fecha, la hora, todo: “Seven Psalms”.
Y mientras empezaba a pensar en ello, me dije: “Ni siquiera estoy seguro de lo que es exactamente un salmo”. Así que fui a la Biblia para mirar los Salmos y ver qué encontraba. Y después de leerlos pensé: “No, esto no está aquí. No sé exactamente qué es esto”. Entonces empecé a comprender que quizá no necesitaba saber exactamente lo que estaba haciendo, porque algo estaba ocurriendo de todos modos. Y eso era interesante. Y estaba produciendo algo único.
Además, todo esto sucedió justo cuando llegó el Covid y todo el mundo estaba confinado. Así que era simplemente yo sentado con mi guitarra, tocando, sin interacción con otros músicos ni con prácticamente nadie. Fue una época muy silenciosa. Usted también debió sentir eso, Peter.
Peter Singer: Desde luego. Estuvimos confinados en Melbourne durante muchísimo tiempo. Yo estaba allí entonces.
Paul Simon: Sí. Y para mí fue una época para ponerme a trabajar. Y supongo que para ti también, aunque de una manera diferente.
Peter Singer: Sí, exactamente eso fue lo que me ocurrió.
Paul Simon: Y entonces creo que la primera gran pregunta que surgió fue: ¿qué es Dios? Cuando empecé a escribir una canción llamada “The Lord”, pensé: “esto es un salto importante para mí”, porque no es que hubiera pasado toda mi vida creyendo en Dios y ahora estuviera escribiendo como si eso fuera un hecho. Así que tuve que preguntarme: “¿qué piensas realmente sobre esto?”.
Y llegué a la conclusión de que simplemente estoy muy agradecido de estar vivo y de estar en este planeta. Hay tantísimas cosas hermosas en él. Y aquí estoy yo, participando realmente en todo esto. Soy una de las formas de vida más evolucionadas, quizá la más evolucionada. Y pensé: “estoy realmente agradecido por ello”. Y si la explicación de toda esta creación es que fue hecha por un creador, entonces mi reacción es: “gran trabajo, amo tu obra y amo el universo. Excelente trabajo, Dios. Estoy muy feliz y muchas gracias”. Y si existe otra explicación… como cuando hablaba con Ed Wilson. E.O. Wilson.
Peter Singer: ¿Lo conociste?
Paul Simon: Sí, conocí a E.O. Wilson.
Peter Singer: Escribí un libro llamado The Expanding Circle, con el subtítulo Ethics and Sociobiology, justo después de que apareciera el libro de Wilson Sociobiology: The New Synthesis. Fui a Harvard en aquella época y le enseñé el borrador, y él me hizo algunos comentarios.
Paul Simon: Sí, era una persona extraordinaria. Era increíble. Y había fundado una organización llamada Half Earth Foundation, que era básicamente un plan para salvar ecológicamente el planeta. Lo conocí en una conferencia TED. Después me habló del proyecto y yo le dije: “estoy a punto de hacer una pequeña gira, voy a darte todo el dinero de la gira para tu fundación”. Así que realmente ayudé a poner en marcha la fundación, porque creo que le di unos tres millones de dólares o algo así.
Después nos hicimos amigos y yo solía ir a visitarlo. Seguía viviendo en Cambridge, aunque ya era profesor emérito en Harvard.
Y un día estábamos hablando sobre Dios y él me dijo: “Bueno, soy científico, así que me inclino a no creer que esa sea la explicación [la creación del Universo]. Pero ¿puedo decirlo al cien por cien? No, no puedo decirlo al cien por cien, porque no lo sabemos. Así que estoy al 99,9% convencido de que no lo creo. Pero todavía queda ese pequeño porcentaje que dice: es completamente posible”.
Y ahí es donde yo llegué también. Pensé: “si la respuesta es otra distinta a que hubo un creador, no por eso estoy menos agradecido”. Sigo pensando que todo esto es asombroso. No voy a cambiar mis valores y decir: “ah, entonces no existe Dios…bueno, pues mataré a alguien por diversión”. No cambió lo que yo consideraba ético o moral.
Así que decidí dejarlo ahí. No lo sé, realmente no sé cuál es la respuesta. Pero prefiero la respuesta de Dios porque es una gran historia. Y a los seres humanos nos encantan las historias. Nos sentimos muy atraídos por ellas. Por lo que pensé: “prefiero esa historia a no tener ninguna”. Porque la otra explicación no es una historia. Es simplemente otra explicación. Si no conozco la respuesta, pero tengo que elegir por puro placer personal, elegiré la historia.
Y una vez que me permití entrar en eso, ya no me sentí tan incómodo escribiendo Seven Psalms y utilizando palabras como “Dios” o “el Señor”, o entrando en ese mundo. Empezó a resultarme natural. Entonces me di cuenta de que siempre me había sentido así, y que eso estaba presente en mis canciones durante toda mi carrera. Había canciones llenas de referencias a Dios y, aunque normalmente la gente no asocia eso con mi escritura, ahí estaba. Siempre había estado ahí.
Y durante Seven Psalms, sentado solo en el silencio autoimpuesto del Covid, simplemente empecé a escribir. Sobre todo escribía lo que surgía de sueños en mitad de la noche. Pero entonces ocurrió otra cosa: empecé a perder audición. Y eso realmente me afectó. Me molestó muchísimo y también me enfadó. Pensé: “justo cuando estoy escribiendo y todo fluye tan fácilmente, ocurre esto”.
Pero luego me dije: “espera un momento. Quizá esta sea una información muy valiosa que debería examinar”. No podía enfadarme porque el proceso no fuera simplemente un placer puro que me llegaba en sueños. Quizá ahora tenía que trabajar de verdad y preguntarme: “¿cómo ves el mundo ahora, siendo una persona incapacitada de una manera en la que nunca antes te habías considerado?”.
Peter Singer: ¿Y qué significa eso respecto al agradecimiento o respecto a cómo sientes a los demás?
Paul Simon: Eso abrió una nueva habitación que investigar mientras escribía. Y así continuó, hasta convertirse en una pieza de treinta y tres minutos cuando estuvo terminada.
Ahora, cuando la interpreto en directo, es lo primero que hago. Le digo al público que voy a dividir la noche en dos actos diferentes, y que el primero será Seven Psalms, una pieza ininterrumpida de treinta y tres minutos. No le digo a la gente que no aplauda, pero espero que no lo hagan. Y normalmente no lo hacen. Aunque a veces sí. Pero noto que la gente queda completamente absorta. Está ocurriendo algo.
Y resulta todavía más extraordinario porque la mayoría de las personas nunca han escuchado Seven Psalms. No hay radio para ello, no hay un lugar donde suene. Tienes que enterarte de su existencia por algún lado.
Y además no permití que pudieran escoger una sola canción de los treinta y tres minutos en Spotify. No lo permití. Lo hice de manera que tienes que escuchar la obra completa o no escucharla. Así que la mayoría de la gente nunca la había oído. Y de repente están escuchando algo totalmente nuevo y permanecen en silencio.
Antes de interpretarla por primera vez pensé: “¿qué ocurrirá? ¿La gente se aburrirá y empezará a hablar entre sí o a moverse? ¿Habrá inquietud?”. Pero no, eso no es lo que sucede. Tiene algún tipo de efecto. No sé cuál.
Y no podría reproducirlo otra vez aunque quisiera. Mi continuación tendría que ser Seven Psalms 2, más salmos. Pero no puedo hacerlo. No podría repetirlo.
Peter Singer: Así que lo dejo ahí.
Paul Simon: De la misma manera que me gustaba la versión “historia” sobre cómo llegamos todos aquí, también me gusta la historia del misterio de Seven Psalms. No la entiendo del todo, lo admito, pero estuvo bien. Fue una buena manera de escribir.
Y eso me ha ocurrido varias veces durante mi carrera. Diría que “The Sound of Silence” fue probablemente la primera vez que pasó algo inexplicable. Escribí algo y pensé: “esto es realmente bueno”. Pero tenía veintidós años y no le di demasiada importancia.
Lo mismo ocurrió con “Bridge Over Troubled Water”. Escribí esa canción cuando tenía veintiocho años y, cuando la terminé, pensé: “esto es mejor que mis canciones habituales. Esta es realmente buena”.
Y cuando estaba escribiendo Graceland, en esos momentos en los que aparecía una línea especialmente poderosa dentro de una canción, me detenía y reconocía esa sensación. Pensaba: “ya sé lo que es esto”. Es esa sensación de estar simplemente tomando dictado. Como si algo llegara y tú solo lo estuvieras escribiendo.
Y en gran medida eso fue lo que ocurrió con Seven Psalms. Así que lo dejo ahí.
Peter Singer: ¿Puedo preguntarte por otra canción tuya? “Kathy’s Song” es una de mis favoritas. ¿Puedo preguntarte para quién la escribiste?
Paul Simon: Cuando tenía veintidós o veintitrés años me fui a vivir a Inglaterra. Bueno, en realidad el verano anterior quería ir a París. Creo que fue mi primer viaje a Europa. Fue antes del asesinato de Kennedy.
Fui a París y canté un poco en las calles. Allí conocí a unos chicos ingleses que me dijeron: “si vienes a Inglaterra, puedes quedarte con nosotros”.
Así que, por razones que no tienen ningún sentido, fui a estudiar Derecho durante un año. Y después de desperdiciar ese año, me mudé a Inglaterra.
Allí me alojé con una familia en los suburbios de Londres. Había pequeños clubes folk, salas encima de pubs donde los cantantes iban a interpretar música folk tradicional o canciones propias.
Y empecé a hacer eso. Y en uno de esos clubes, la chica que recogía las entradas fue alguien que me atrajo inmediatamente. Y esa era Kathy. Fuimos novios durante tres o cuatro años, más o menos. Y todavía estoy en contacto con ella. Acaba de cumplir ochenta años. La llamé hace poco. Fue maravilloso. De ahí viene la canción.
Peter Singer: Maravilloso. Genial. “I hear the drizzle of the rain…”, ¿verdad?
Paul Simon: Sí, exactamente.
Peter Singer: Ella estaba en Inglaterra y tú en América, supongo, cuando ocurría todo eso.
Paul Simon: Sí.
Peter Singer: Quería seguir hablando de tu labor filantrópica. Has mencionado lo que hiciste por la Half Earth Foundation, pero recuerdo que nos conocimos por primera vez en 2006, cuando ambos fuimos homenajeados por la revista Time como algunas de las personas más influyentes del año, en distintas categorías, obviamente. Nos encontramos en una cena y me hablaste entonces del trabajo que estabas haciendo con el doctor Irwin Redlener y la Children’s Health Fund, creo. Estabas apoyando clínicas móviles que recorrían zonas empobrecidas de Estados Unidos para ayudar a niños. ¿Es así?
Paul Simon: Sí, exactamente así. Eran unidades médicas móviles, con un médico, una enfermera, una persona encargada de informática y un conductor. Iban a barrios empobrecidos y ofrecían atención médica gratuita a los niños. Les pedí a todos mis amigos, especialmente a los que eran músicos en Nueva York, que participaran conmigo en un concierto en el Madison Square Garden para recaudar fondos. Así empezó todo.
Y creció desde una organización centrada en áreas urbanas, que comenzó en Manhattan. Había tanta actividad de pacientes que necesitamos otra unidad para atender Brooklyn y el Bronx. Después se extendió a Newark y luego a Washington D.C., y siguió creciendo. Más tarde lo llevamos a zonas rurales para ver si funcionaría allí, y sí, funcionó.
Estuve involucrado en eso durante unos veinticinco años. Y otros impulsos filantrópicos dependían de lo que iba apareciendo en mi vida, o de conocer a alguien como tú, cuando me preguntaste si tocaría un pequeño concierto en el apartamento de alguien en Nueva York para recaudar fondos para la fístula obstétrica, ¿recuerdas?
Peter Singer: Sí, para la Fistula Foundation. Sí, lo organizó The Life You Can Save, que yo fundé y que recomienda las organizaciones benéficas más eficaces que podemos encontrar. Y la Fistula Foundation era una de ellas. Y estamos muy agradecidos contigo. Hiciste un concierto en Nueva York y luego otro en California, en Silicon Valley, y ambos recaudaron sumas importantes para mujeres que sufrían esa devastadora lesión obstétrica en países de bajos ingresos, cuando daban a luz sin asistencia médica. Básicamente, devolviste la vida a miles de mujeres, o al menos a cientos de ellas. Transformaste sus vidas, que habrían quedado arruinadas por esa lesión que las dejaba incontinentes, y gracias a eso pudieron volver a vivir con normalidad. Así que gracias por hacerlo.
Me pregunto si, ahora que eres mayor, has pensado en cuál quieres que sea tu legado filantrópico. ¿Tienes planes para eso?
Paul Simon; Bueno, tengo una fundación familiar. Y recientemente doné mis archivos a la Universidad de Texas, y recibí dinero por ello, que añadí a lo que ya tenía en la fundación familiar. Ahora tengo suficiente dinero como para regalarlo. Podría hacer una donación de un millón de dólares y seguir estando perfectamente bien.
Este año di medio millón de dólares a la iniciativa de Stanford para curar la pérdida auditiva, con la que me involucré hace unos años. Eso era lo que tenía intención de hacer. Pero también hay pequeñas organizaciones para las que cien mil dólares significan muchísimo. Así que seguiré añadiendo dinero al fondo y distribuyéndolo.
Y tu libro fue inspirador en el sentido de pensar cuáles son los lugares más efectivos para donar el dinero. Me hizo pensar que, por mucho que haya dado, considerando cuánto he ganado, en realidad no he donado todo lo que debería haber donado. Debería haber dado más, y procuraré hacerlo.
Esa manera de recaudar fondos mediante pequeños conciertos la hice para muchos grupos distintos, pero prácticamente he perdido la capacidad de hacerlo debido a la pérdida auditiva. Ya no puedo simplemente levantarme y hacerlo. Pero hay otras maneras. Otras maneras de ayudar. Y se te van revelando a medida que avanzas por la vida. Y cuando eso ocurre, me da la oportunidad de ser útil.
Peter Singer: Fantástico. Muchísimas gracias por eso. Supongo que ya nos acercamos al final, pero siempre les pedimos a nuestros invitados que reflexionen sobre su vida y sobre si consideran que han vivido bien. Sé que has estado reflexionando mucho sobre tu vida y estamos muy agradecidos por ello, pero ¿hay cosas que te gustaría decir sobre cómo has vivido? ¿Cosas que podrías haber hecho mejor? ¿Cosas por las que te sientes agradecido? Ya has hablado bastante de lo agradecido que estás por estar vivo y en el mundo.
Paul Simon: He estado pensando en esa pregunta porque sabía que hablaríamos. No es una pregunta fácil. Puedo imaginar muchas respuestas distintas de personas describiendo lo que consideran una vida bien vivida, y probablemente habría algunas con las que yo no estaría de acuerdo. Así que tendríamos que encontrar algún tipo de definición de lo que es una vida bien vivida, o una descripción con la que yo pudiera decir: “Sí, estoy de acuerdo”.
Y empecé por lo que me parece la pregunta más básica cuando miras hacia atrás en tu vida: ¿eres feliz? Y yo lo soy. Así que eso es una buena señal de una vida bien vivida.
Pienso en mí mismo como una persona egoísta, aunque intento ser lo más generoso posible. Pero, esencialmente, soy como la mayoría de la gente: pienso en mí mismo. Estoy orgulloso de lo que he logrado, y creo que eso también forma parte de una vida bien vivida.
Pero luego pienso que conozco a muchos músicos con más talento que yo, que nunca tuvieron éxito. Así que el hecho de que yo tuviera éxito y recibiera dinero y fama como recompensa… si es que la fama puede considerarse una recompensa, cosa que yo no creo… eso no es necesario para vivir bien.
Creo que si tu familia te quiere, si has sido generoso… ese sistema de valores, no sé cómo llamarlo… No estaría en desacuerdo con lo que decía Jesús. Parecía bastante centrado en lo que realmente importa.
Peter Singer: Aunque Jesús estaba muy centrado en la otra vida, en la vida futura que ibas a obtener.
Paul Simon: Sí, eso es cierto. Y en cuanto a eso, nunca he pensado realmente que exista una vida después de la muerte. No puedo creer que haya un lugar real llamado cielo, porque mi mente inmediatamente pregunta: “Bueno, ¿dónde está?”. Si es un lugar real, ¿dónde está? No está en nuestra galaxia ni en la galaxia vecina. Así que tendría que estar en una galaxia muy lejana. ¿Y por qué tendría que estar allí? ¿Y cómo llegaríamos?
Y espero que tampoco exista un lugar llamado infierno. Aunque, en realidad, el infierno sí existe. Podemos experimentarlo aquí. Cielo en la tierra e infierno en la tierra. Podemos vivir ambas cosas.
Peter Singer: ¿Puedo preguntarte cuándo has experimentado el cielo en la tierra?
Paul Simon: Tuve una experiencia… Bueno, te la contaré. Durante un tiempo, hace unos veinticinco años, durante un par de años, tomé ayahuasca. Y en una de esas experiencias sentí algo que ni siquiera puedo describir. Y pensé: “Ah, esto es la dicha. Esto es lo que significa la dicha”.
No puedes describirla y, sin embargo, es dicha absoluta. Y luego pensé: “Qué interesante que no haya más que esto”. Si quieres más, tienes que salir de ello y volver a entrar. Eso es todo. Eso es la dicha.
Pero el cielo en la tierra… la alegría del amor es el cielo. Es una sensación maravillosa.
Peter Singer: Estoy totalmente de acuerdo. Seguro que todos podemos coincidir en eso.
Paul Simon: Sí, cuando tienes la suerte de encontrarlo.
Peter Singer: Pero ¿qué hay de los logros? Por ejemplo, recibir el Premio Gershwin de la Biblioteca del Congreso, ser el primer galardonado entre todos los grandes compositores estadounidenses. ¿Eso te produce una especie de dicha o al menos una profunda satisfacción?
Paul Simon: Sí y no. Está bien recibir un cumplido o un premio, pero sinceramente no es tan diferente de cuando me destrozaron por sacar The Capeman. Creo que esos premios son simplemente un grupo de personas reuniéndose y diciendo: “Creo que deberíamos dárselo a ella” o “deberíamos dárselo a él”.
Y entonces pienso: ni siquiera conozco a esas personas que deciden que yo deba ser el primer receptor del Premio Gershwin. Y no voy a deducir de eso que yo fuera el más merecedor, porque no existe una manera de medir quién es el mejor compositor o el más digno. Depende del oyente y de a quién ame.
Pero todo eso alimenta el ego. Y si permites que se convierta en una distracción, entonces puede ser peligroso. Porque si realmente estás intentando resolver algún problema en tu trabajo creativo, en tu vida creativa, es muy perjudicial que alguien diga: “Eso es genial”, o que otro diga: “Eso es apropiación cultural y debería ser condenado”. Ninguna de esas cosas me ayuda a resolver un problema que está en el límite de mis capacidades.
Así que lo mejor que puedes hacer, en la medida en que puedas protegerte, es no creértelo cuando te dan el premio… y tampoco creértelo cuando te dicen que eres horrible.
Peter Singer: Es un gran consejo. Excelente consejo.
Paul Simon: Sí.
Peter Singer: Y, en cualquier caso, todos sabemos lo que has dado al mundo y cuántas vidas has hecho felices gracias a tu música.
Paul Simon: Eso sí me produce un gran placer. Aunque cuando la gente me dice eso, siempre respondo: “Me alegra muchísimo que lo sientas así. Pero tengo que decirte que no escribí esas canciones para ti”.
Peter Singer: Eso es muy bueno, en realidad.
Paul Simon: Las escribí porque me emocionaba algo, y el proceso creativo me hacía sentir… bueno, realmente vivo. Pero el hecho de que eso haya tenido un impacto positivo en tu vida me hace muy feliz, aunque no puedo atribuirme el mérito de ello.
Peter Singer: Creo que podemos compartir esa emoción entre el autor y quien la recibe.
Paul Simon: Sí. Puedes sentir gratitud si tienes un don y ese don beneficia a otras personas. Porque uno también se siente profundamente bien cuando recibe el don de otra persona.
Peter Singer: Así que sabes cómo se siente cuando eso ocurre.
Paul Simon: Sé cómo me siento yo respecto a los músicos que hicieron grande mi vida. La mayoría… en realidad todos están muertos ya. ¿Quiénes eran? Bueno, Elvis Presley, los Everly Brothers, el rock y los primeros músicos de rock and roll eran lo que más me gustaba cuando tenía doce, trece o catorce años.
¿Quiénes me gustaban? Pues sí: Elvis, los Everly Brothers, Little Richard, Fats Domino, Chuck Berry… sí, Chuck Berry tengo que incluirlo porque fue el compositor supremo de los años cincuenta. Era extraordinario.
En realidad, al principio no lo conocía demasiado. Pero luego los Beatles hicieron canciones suyas, como “Roll Over Beethoven” y otras, y ahí descubrí a Chuck Berry y empecé a escuchar el resto de su obra. Sus historias… quiero decir, si hubiera pertenecido a una generación anterior, habría formado parte del Renacimiento de Harlem. Era así de bueno. Todos los compositores que conozco, todos, fueron influidos por él. Por la manera en que utilizaba las palabras, por cómo hacía fluir las frases. Era realmente extraordinario.
Y curiosamente, la persona que durante la mayor parte de mi vida no me interesó en absoluto fue Frank Sinatra. Luego fui a verlo actuar en el Carnegie Hall y pensé: “Dios mío, me perdí todo esto”. Este hombre es un narrador increíble. La forma en que se movía, incluso cómo sostenía un cigarrillo… era un maestro.
Sí, fue un intérprete asombroso. De verdad. Nunca me interesó Frank Sinatra cuando era joven.
Peter Singer: Tendré que volver a escucharlo.
Paul Simon: Sí. La forma en que frasea, cómo salen las palabras, cómo cuenta una historia… y además tenía una afinación perfecta. Pero cuando era niño no me gustaba nada. Era el tipo de música que les gustaba a tus padres.
Mi padre, que era músico, era interesante en ese sentido. Tocaba en grandes bandas, también en musicales y espectáculos. A veces estaba en orquestas de televisión. Tocaba en clubes, obras, bodas… esa fue su formación musical.
Pero su compositor favorito era Mahler. Una vez hablábamos de música clásica y yo le dije que me gustaba Bach. Y él respondió: “Ah, vale. Escucha esto. Este es mi favorito”. Puso la Quinta de Mahler y me di cuenta de que tenía gustos muy distintos a los de mi padre. Pensé: “No me gusta esto”. Pero era bueno. Realmente bueno.
Y eso me enseñó otra lección: algo puede ser realmente bueno y aun así no gustarte. Eso no significa que no sea bueno.
Peter Singer: Sí, totalmente cierto.
Paul Simon: Simplemente piensas: “No va a ser uno de mis favoritos”. Pero reconoces que esa persona es muy buena en lo que hace.
Peter Singer:¿Puedo preguntar si todavía quedan más regalos por venir? ¿Más música tuya que vayamos a recibir?
Paul Simon: Puedes preguntarlo porque es la misma pregunta que me hago constantemente. Escribí dos canciones después de Seven Psalms. Solo dos. Una la publiqué, era un dueto con Edie. La otra nunca la publiqué. Es bastante buena. No sé cuán buena, pero está bien.
La gente me pregunta todo el tiempo: “¿Sigues escribiendo?”. Y la verdad es que no. Me gustaría estar escribiendo, pero realmente no hay nada que quiera decir, así que estoy un poco bloqueado.
Además, la forma en que escribí toda mi vida, y también Seven Psalms, era sentarme con una guitarra y escuchar su sonido, escuchar los armónicos, encontrar un acorde interesante o una secuencia de acordes, y eso me sugería una melodía. Entonces cantaba sílabas sin sentido, “la la la la…”, y de ahí iban surgiendo palabras y creciendo las canciones.
Desde la pérdida auditiva, cuando uso audífonos, que los estoy usando ahora mismo, el sonido de todo queda distorsionado. Sobre todo las frecuencias más agudas. Así que la guitarra ya no suena realmente bien para mí. Sé que estoy tocando una guitarra magnífica porque llevo cincuenta años tocándola. Sé que es mi guitarra favorita. Pero ya no la escucho como antes.
Así que pienso: “No sé cómo superar esto y escribir una canción”. Y tampoco estoy seguro de tener algo concreto que quiera decir.
Así que me digo: “Bueno, ¿volveré a escribir o no lo haré?”. Y si no ocurre, tengo suficientes laureles sobre los que descansar, sinceramente, sin necesidad de seguir adelante.
Pero sería maravilloso volver a experimentar esa sensación de crear algo que te sorprende por completo. Un segundo antes no existía, y de pronto acabas de inventar una frase. Esa sensación es increíble. Pero no parece algo inminente.
Peter Singer: Bueno, muchísimas gracias por dedicarnos este tiempo y por todo lo que has compartido con nosotros. Ha sido realmente maravilloso.
Paul Simon: Para mí ha sido un honor, de verdad.
Peter Singer: Ha sido un enorme placer. Muchísimas gracias, Paul.
Paul Simon: Gracias a ustedes. Ha sido un gran placer hablar con ambos. Y me alegra verte, Peter.
Peter Singer: Gracias, Paul. Espero volver a verte.